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ciencia de la justicia
He dedicado muchos años al estudio de los comportamientos instintivos de los seres vivos, en especial los de los humanos, y he detectado un fenómeno biológico, en el que nadie antes ha reparado y que, a mi juicio, puede ser determinante para poder elaborar la ciencia de la justicia, pues creo que en los instintos, tal como yo los he analizado, se encuentran los elementos que se necesitan para saber científicamente lo que es justo y, por tanto, legítimo, ya que son un código biológico de normas de vida individual y colectiva. Gracias a esas observaciones he comprobado, primero: que el derecho siempre es la expresión racional de una función biológica mecánica, impuesta por las leyes biofísicas de la naturaleza humana, lo mismo que la gastronomía lo es de la de comer, de manera que cada vez que una persona reclama o defiende un derecho, está reclamando o defendiendo instintivamente, por imperativo biológico, sus condiciones naturales de vida y desarrollo. Segundo: que esas condiciones naturales son dieciocho (algunas más que en el resto de los seres vivos, por nuestra condición racional) y que la naturaleza nos ha dotado de otros tantos instintos, uno por cada una, para identificarlas, buscarlas y defenderlas. Tercero: que todas las normas morales, jurídicas, sociales, políticas y económicas que se elaboran siguiendo las disposiciones de esas leyes biológicas o condiciones naturales de vida, siempre son aceptadas universalmente; nunca generan conflicto. Cuarto: que el conflicto surge siempre que se implanta una norma, de cualquier índole, que viola lo dispuesto por esas leyes biológicas o, lo que es lo mismo, cuando la norma se inspira en principios ideológicos o religiosos, indemostrables.
En consecuencia, si eso es así, la justicia ha de consistir necesariamente en promover y respetar esas dieciocho disposiciones biológicas de la naturaleza humana. Dicho de otra manera: un derecho es inequívoco cuando promueve o defiende el cumplimiento de alguna de esas condiciones naturales de vida y desarrollo.
Cualquiera que observe ese fenómeno biológico de los instintos, tal como yo los he observado, comprobará que siempre es así y que siempre se encuentra respuesta inequívoca a cualquier situación de conflicto en que se hallen el derecho y todas las normas éticas y de organización social, política y económica.
Todo esto lo explico detenidamente en un trabajo elaborado al respecto, pero con bastantes limitaciones, porque para desarrollar este planteamiento en toda su dimensión se necesitan amplios conocimientos de biología, genética, etología, psicología, ética, derecho, políticas y económicas, como mínimo, lo que me desborda. Por eso me he tenido que limitar a exponer el fenómeno de los instintos tal como lo he observado y a señalar, sólo en líneas muy generales, las principales consecuencias en moral, derecho y organización sociopolítica, lo que es más que suficiente para entender la cuestión clave.
Por todo ello, busco a algún profesor de filosofía del derecho para que lo valore y juzgue las posibilidades que este planteamiento ofrece como punto de partida hacia una ciencia de la justicia. Gracias.