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españolciencia de la justicia

Manuel Brego, 22.02.2006, 19:08
Original: español ciencia de la justicia (Marco Balanovic), 21.02.2006, 05:12

Estimado Marco: Por instinto, porque nos sale de dentro, no por análisis racional, los humanos defendemos hasta el límite de nuestras fuerzas la vida, la integridad física y la salud, de amenazas naturales y de agresiones. Como el resto de los animales, por instinto buscamos los alimentos, el agua potable y el aire puro cuando está viciado, aunque, a diferencia de aquéllos, la mente nos preste el servicio incomparable de prevenir la escasez y lograr la calidad con sofisticadas técnicas y amplios recursos. Por instinto, porque nos lo pide el cuerpo, cuidamos y protegemos a nuestros hijos, salvo desequilibrios patológicos. También el instinto y no la razón nos impulsa a satisfacer el apetito sexual conforme a las disposiciones biológicas de nuestra naturaleza, aunque el intelecto pueda tanto pervertir los mecanismos naturales del sexo como enriquecerlos para control de la natalidad, prevención de enfermedades, máxima satisfacción, etc. Por instinto defendemos nuestra libertad de movimiento, de acción y de expresión, y también buscamos y defendemos por instinto una guarida donde refugiarnos, aunque la inteligencia nos ayude a dotarla de solidez, seguridad, confort, estilo. Y por instinto cubrimos el cuerpo cuando lo exigen las condiciones climatológicas, y buscamos el conocimiento, pues desde que nacemos el cuerpo nos pide averiguar lo que ignoramos, y formar una familia y vivir en sociedad y no aceptar la injusticia o la agresión contra nosotros mismos. Y aunque no lo parezca, por instinto buscamos el equilibrio con el medio natural, porque de la preservación de los procesos naturales de la Tierra depende nuestra existencia.
     Si te fijas, puedes comprobar que, para poder vivir y desarrollarse plenamente, un ser humano necesita satisfacer todas esas y sólo esas condiciones naturales de vida, y que la naturaleza nos ha dotado de instintos a todos los seres vivos para identificar esas condiciones, impuestas por ella, saber buscarlas y defenderlas. Por consiguiente, si las leyes físicas de nuestra biología nos someten a condiciones de vida inexorables, que no sólo no podemos modificar, sino que tenemos que defender por imperativo biológico, la finalidad de la moral y de la organización social, política y económica, del derecho en definitiva, no puede ser otra que la de proteger y respetar esas normas naturales que el hecho de vivir nos impone.