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español  Duns Escoto, genio en el tiempo, para un tiempo:

Eugenio Álvarez Soto: emaileugnostos@terra.es, 29.11.2001, 22:01
Original: español  Adios....ideologias (david alonso), 20.11.2001, 00:35




Sí, Todo período filosófico claramente definible o demarcable, más que por sí mismo, se caracteriza y se “efectiviza” por aquellas ponencias intelectuales que lo oponen o limitan, y merced a cuyas membranosas superficies se topará con las áreas que perfilará y trabajará hasta hacerlas peldaños esclarecedores de la gran estrofa filosófica, nuestra dispendiosa escala civilizadora.

A mi entender, la sobresaliente peculiaridad de este nuestro tiempo al que usted alude, a ese respecto por mi antedicho, es que, al no hallar la filosofía ponencias seculares exclusivistas, propiamente  estrictas, a confrontar, que la limiten en la múltiple pulsión de su vórtice potencial, el quehacer sobre sus fueros de aptitud y actividad, se vuelca en un aparente exceso, anchuroso y versátil, para el ojo acostumbrado (restricción que por ello aparecía confiable y, por ello, deseada [como cantos de sirena para un Odiseo, aunque atado al mástil de la realidad en progreso, por ventura]). Quehacer por lo tanto fácilmente indefinible e intangible en los términos de la seguridad y la referencia a los cuales la doctrina y la ideología, en su postulado, nos ofrecían. Pero no por ello sentenciosamente indefinido.

Tal es quejido del pellizco desperezador de lo nuevo.

La escolástica, por ejemplo, lo tenía muy claro. Conjura y enemigo eran nítidos. Pero el genio de las grandes ponencias, más tarde o más temprano, claudicaba ante el absurdo de los postulados de una fe que presuntamente arrojaban hacia la apología. Término que por ello se nos antoja como -filosofía de lo no delimitado- precisamente por hallarse tan delimitado; de lo no confrontado o negable (principio de falsación, etc), precisamente por hallarse tan confrontado y negado.

Ahí, a la luz de tal hermenéutica, la oferta de una concreción se nos antoja inconcreción.

Ahí, no tanto el genio, sino el momento histórico filosófico presuponía, imponía, trampolín y techo. Restaba pues, en tales cauces del convenio y la certidumbre “del siglo”, para el tesón y el valor de Sophía, coraje a menudo miliciano, con el cual abrirse más o menos espació a empellones de su envergadura.

Y al contrario que hoy, el festín siempre venía después. Pues la divergencia entre lo creativo y el provecho era amplia. Hoy no lo podríamos concebir; mucho menos asumir. Pues la tecnología a la cual la sapiencia dío alas, cuando no vidas, hoy la/nos recompensa.

Hoy la filosofía, según mi parecer, al igual que las artes, ha de aprender a navegar cual cometa errante en el espacio libre, más que a rotar entre los epiciclos de las alternativas, entre cuyos orbitales, superpuestos por los períodos, se encontraban circunscritas las coordenadas de la promesa doctrinaria e ideológica, para la escibilidad del científico, para el asentamiento de la pesquisa religiosa o para el ethos.

El mito y la Hélade chirriaron entre el mismo quejumbroso reclamo. Los gnómicos se lamentaban ante los nuevos tiempos.

Pues, nuevamente, no cabe presuponer por ello nada más que un nuevo albor cuya oferta aún nosotros, quizás, no hemos sabido llegar a legar criterizado y preciso para el confiado provecho.

Y el acicate hasta ahora inédito de una pluriculturalidad explosiva, cuyos efectos nos resultan desbordantes mucho antes de que las causas hubieran sido contempladas. Y digo “mucho antes” en un tiempo cuya tensión de proporcionalidad redimensiona y supravaloriza lo que se desenvuelve en el decurso de su demarcación. Lo que ocurre en un minuto del hoy, en una fracción territorial, es geométrica, exponencialmente progresivo, pujante, detonante y voraz, con respecto al mundo entero de un decenio de nuestro pasado no muy lejano de un nuestro, aún tangible, ayer.  

He áhí nuestra hégira, nuestro éxodo, hacia una tierra ancha y fértil por nadie ni para nadie prometida: El definitivo destierro de un cariz delimitador. He ahí la/una nueva filosofía.

Y no pretendo en ello ser optimista. Muy por el contrario, pues es, de cierto, el perfil que, espejismo o no, se estampa sobre mi pupila.

Un grato saludo.