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español  Su acto, y el acto de su descripción, se contradicen.

Eugenio Álvarez Soto: emaileugnostos@terra.es, 15.12.2001, 16:50
Original: español  Sobre la doble (y contradictoria) condición de la libertad. (Fernando), 08.12.2001, 16:07




Bien, señor, pero al escribirme, el acto de usted, y el acto descrito por usted, se contradicen.

Ya que el acto de usted es y gusta de inteligencia. Pues plantea inteligentemente su contrario, ya sea como inteligente supuesto de una aleatoriedad de lo libre, o elección libre en la no inteligencia. Es en ambos casos la inteligencia que busca y discierne la no inteligencia para elegirla.

Ha sido, nuevamente, la inteligencia la que rizó el rizo. Ya lo dije: una pirueta hacia atrás.

A no ser que plantee la muy difícil elección de la estupidez. Difícil, digo, si no imposible. Determinación esta que tendría, por fuerza, que hallarse impulsada e imbuida de otra/s causa/s o motivación/es; por ejemplo la de demostrarse a sí mismo, o a mí, que yo estaba en un error. Lo cual, ya no sería el acto estúpido que preconiza o defiende, sino un otro discernidor bien diferente, pues no elige lo estúpido, sino aquello que por estupidez la  inteligencia entiende.

De nuevo la pirueta.

Nadie elige libremente lo no inteligente.

Otra cuestión es esa que usted nos plantea de la poca consciencia de la conveniencia o bondad de una elección para el sujeto libre. Pues la inteligencia podría alcanzar o no las últimas cotas, o incluso las más bajas, de la bondad del hecho, si creyéramos nosotros en tal tipo de virtudes en cuanto al hecho, pero no por ello no habría de haber sido elegido lo más inteligente por parte del sujeto para el sujeto. Sobre la consciencia de tal bondad; esta sería redundancia, pues en todo caso la consciencia mencionada habría sido ya la inteligencia aplicada.

Y otra cuestión es, pues no se confundan, que el alcance inteligente de un sujeto o de un proceso lógico sea más o menos inteligente que el de otro. Pero quien elegía era aquel y no este.

O que partamos de un supuesto inteligente último y perfecto para todo caso determinado, aprehensible o no por el sujeto. Pero eso ya no sería inteligencia sino doctrina o creencia finalista o perfectivista, sustentada por las argumentaciones libres del discurso del sujeto de la inteligencia.

Para concluir; si a usted le dieran la opción de una libertad permanente, y no meramente especulativa, en esa calidad de estupidez con la cual defiende una libertad no inteligente, usted, sin duda, muy inteligente y muy libremente, no la elegiría.

Con ello, nuevamente, el acto de usted, y el acto descrito por usted, se contradecirían.

Grato saludo.