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español  Carta a l@s ciudadan@s

José Sánchez-Cerezo de la Fuente, emailsanchez_cerezojose@hotmail.com, 16.10.2003, 23:12



¡Hola! (Si este texto es muy largo, imprímalo y ya lo leerá cuando tenga un rato :)

Mi nombre es José (aunque eso es lo de menos) y soy un ciudadano normal y corriente como usted. Esto que escribo son sólo algunos pensamientos que quisiera compartir. Sin duda usted tendrá ideas más o menos claras sobre temas como la política, la religión, el sexo, la gente, el trabajo y la vida en general. Yo quisiera invitarle a pensar un poco más profundamente y a ser crítico con lo que hay a su alrededor. Pensemos en la política, por ejemplo: todo el mundo parece coincidir en que este planeta está muy mal gobernado, en que las cosas podrían ir mejor, que hay muchas injusticias etc., ... pero sin embargo vamos por la vida como si nada pudiéramos hacer, y eso que se supone que la nuestra es una sociedad democrática, donde el pueblo toma las decisiones. En realidad, no es así, al menos en una gran medida, y muchas personas tienen la sensación de que las “grandes decisiones” de los políticos son algo completamente ajeno a ellas, que incluso el voto sirve para poco, pues quien esté al mando, sea el que sea, hará lo que quiera “¿acaso no nos manifestamos contra la guerra? ¿Y de qué sirvió” - me puede usted señalar (¡pues sirvió! Porque lo que hubiese hecho el gobierno de no haber protestado la gente no lo quiero ni pensar)

Es interesante saber que no es cierto que la gente no pueda hacer nada. Pero más interesante todavía es saber que los “grandes poderes”, como los políticos o las grandes compañías, están sumamente interesados en que nos creamos el cuento, en que pensemos que no podemos hacer nada. Gran parte de la sociedad está organizada para que nos convirtamos en trabajadores muy productivos y obedientes, que gastan mucho y consumen mucho, que compran todo tipo de cosas que en realidad no les hace falta y, sobre todo, que no critican nada.

En la sociedad hay instituciones enteras que no sirven para nada, o peor aun, que son perjudiciales, pero que nadie critica y que todo el mundo acepta con la boca cerrada. Piénsese en la monarquía, por ejemplo ¿puede alguien decirme qué falta hace en una sociedad moderna? Sin embargo, no sólo no es criticada, sino que es exaltada continuamente por los medios de comunicación y por la prensa rosa. O quizá no, quizá haya gente que critica la monarquía pero a la que no le dejan publicar lo que escribe, no porque esté prohibido, sino porque “no vende” o “no se adecua al interés de los consumidores” que las editoriales tan bien parecen conocer. Pero noooo, eso no podría ser. Los políticos no hacen más que decirnos que vivimos en un país libre y los medios de comunicación, que son (eso dicen) independientes, parecen estar de acuerdo (o con un partido o con otro, claro).


Ironías aparte, no quisiera echarles a los medios toda la culpa, sino más bien a todos aquellos que los compran y consumen y no se paran a pensar lo que le están “vendiendo”. ¡Piénselo por un momento! Examine con ojo crítico lo que le ofrecen. En la portada del periódico de cualquier día usted podrá encontrar probablemente una noticia deportiva que no tiene la menor importancia como para que aparezca en la portada (aunque se tratase de una superfinal de las gordas, bueno ¿y qué? El deporte que aparece en la portada es uno entre decenas de deportes distintos, y que mucha gente sea aficionada no lo hace objetivamente más importante). Por otra parte ¿sería posible que se le diese tanta importancia al deporte para mantener a la gente ocupada y sin prestar atención a cosas más importantes? En fin, en la portada habrá también una noticia de política nacional y otra de internacional, pero incluso éstas son noticias “seleccionadas” intencionadamente. Hay sucesos, o así consideran las editoriales, que han de recibir mayor atención ¿por qué si mueren 200 personas en Londres por un atentado se arma la marimorena y si mueren 2000 en un país africano por una matanza nadie se entera? ¿Quién decide lo que es importante? Usted y yo no, me parece a mi. Los telediarios, por ejemplo, deberían comenzar diciendo “hoy, como cada día, morirán 25.000 personas en el mundo debido al hambre y la pobreza”. Después podrían seguir con las noticias habituales, unas discusiones políticas, un asesinato macabro y las tendencias de la moda para la próxima primavera (aunque no vendría mal que al final del telediario lo repitiesen: “hoy, como cada día, morirán 25.000 personas en el mundo debido al hambre y la pobreza”).

Con respecto a la prensa del corazón sólo diré que, si uno acepta lo que muestra, sólo se vive bien siendo famoso, y si puedes, siendo de la realeza (aunque tus méritos para ser conocido no sean haber hecho algo grande, o ni siquiera haber hecho algo en absoluto).

Pero es que no sólo la monarquía, ¿qué me dice de la Iglesia? sus fundamentos son tan racionales como los de la astrología, la lectura de las rayas de la mano, o la lectura de los posos del café (o del te, para el caso es lo mismo, bien podría ser horchata), sin embargo no oigo ninguna crítica por ningún lado. La Iglesia y la religión están rodeadas de un halo de respetabilidad que todo el mundo parece aceptar, pero una superstición no deja de serlo por estar amparada por una institución, ni una tontería deja de ser una tontería porque millones de personas crean en ella.


La religión, en mi opinión, es esencialmente dogmática. En la medida en que es dogmática, es perjudicial, y en la medida en que es perjudicial, debería desaparecer.

¡Que la gente, a nivel individual y personal, crea lo que quiera! ¿Pero por qué una religión debe tener influencia sobre la sociedad hasta el punto de inmiscuirse en la educación, en las decisiones políticas o incluso en la dirección que debe tomar la investigación científica o en la moral? ¿Acaso no puede decidir por sí sola la gente lo que es bueno y malo por sí misma? Usted, que me lee ¿se considera incapaz? Y sin embargo, la influencia, perniciosa, de la religión está ahí. La visión negativa que mucha gente tiene sobre el sexo, por ejemplo, y que causa infinidad de sufrimiento innecesario, es fruto de la religión. La resistencia al uso de anticonceptivos en países donde las enfermedades sexuales se extienden como la peste y que son la causa de millones de muertes procede de la religión. La imposición de un modelo de vida “correcto”, esto es, la pareja heterosexual, y la consecuente crítica, desprecio e intolerancia de quien se sale de la norma por un motivo u otro, es promovida por la religión (y no sólo por la religión, pues los “modelos correctos” predominan en el cine y la televisión, por ejemplo. Incluso cuando otros modos de vida no se critican directamente, que no aparezcan y sean ignorados ya es una forma de represión).

La consecuencia de no tratar las cuestiones libremente y de no criticar los modelos establecidos es que la gente va con miedo, actúa con cautela, y todos se miran unos a otros con recelo. Todos nos consideramos más o menos buenos pero pensamos lo peor del vecino. Esa idea es la que nos muestran con insistencia en televisión, y es que el miedo es un modo de control. En las sociedades “libres”, donde el Estado no puede usar a su antojo la violencia, el control de la conducta de los ciudadanos se consigue controlando sus pensamientos y para ello el miedo es instrumento fundamental.

Véase, por ejemplo, los trabajos precarios. Mucha gente soporta un trabajo basura y no hace ninguna crítica por miedo a perderlo. Para las empresas cuanto mayor sea el miedo de sus empleados mejor, pues podrá más fácilmente exigir mayor productividad y rendimiento con peores sueldos y en peores condiciones bajo la amenaza, nunca dicha explícitamente, por supuesto, del despido.

“¿Y qué se puede hacer?” usted me preguntará. Pues criticar. Eso es precisamente lo que no quieren, que critiquemos. ¡Proteste usted! Proteste pacíficamente, pero proteste. Pero por favor, no le proteste al vecino, que está igual de mal que usted. Critique a la autoridad, si es que lo hace mal. Quéjese del funcionario que le trata con desprecio, del policía que abusa de su autoridad, hable con sus compañeros de trabajo y protesten si algo les parece mal.

Aunque no lo crea, usted como ciudadano tiene mucha fuerza y poder. Si no hace uso de ella puede deberse a dos motivos: o bien es usted tonto, o bien está mal informado. Probablemente se habrá sentido ofendido por la primera sugerencia, pero no tiene por qué molestarse, pues que sea usted tonto o no, no depende de usted, pero el estar informado si. Hay muchas personas que no son tontas pero se lo hacen, porque les resulta más cómodo. Pero claro, si nos hacemos los tontos el gobierno, el jefe, la televisión, la prensa, la Iglesia y todo aquel que tenga poder, nos tratará como verdaderos tontos, con lo que, en definitiva, no hay mucha diferencia entre hacerse el tonto y serlo.

¡Sea inteligente y piense! Si el mundo está mal, proteste. Los males de nuestra sociedad, la guerra, la pobreza, los trabajos precarios, el abuso, la discriminación... ¡nada de eso es inevitable! ¿Otro mundo es posible? ¡Otro mundo es imprescindible! Mande una carta, escriba un e-mail, haga uso de las instituciones que protegen sus derechos, infórmese, apoye a algún grupo que considere beneficioso para la sociedad o participe usted mismo en ellos, haga algún gesto simbólico de protesta que los demás puedan ver, apague la tele y lea un libro, o simplemente sea más sincero y amable con la gente que le rodea y no se deje llevar por esta sociedad hostil y competitiva que sólo parece valorar el dinero y el status social, que depende, en definitiva, del dinero. Recuerde que,  aunque se necesite dinero para vivir, las cosas más importantes de la vida, el cariño, la confianza, el amor,  la amistad, el humor, no pueden pagarse. Si piensa que hablar del amor y la amistad no son más que ideas romanticonas, recuerde los momentos felices de su vida y dígame qué es lo que hizo de ellos algo tan especial ¿No deberíamos vivir cada día persiguiendo lo que ya hemos visto que es verdaderamente valioso? Pero no, vivimos como borregos, y es que esta vida es la única que tenemos.

Así pues,  yo le animo a que piense y reflexiones. Como ciudadano, no se quede parado, haga algo o los demás lo harán por usted (y tal vez lo que hagan no sea lo que más le guste). Como ser humano, disfrute: salude con ganas a sus colegas, llame a algún viejo amigo,  perdone antiguas rencillas, bese a sus hijos con frecuencia, pruebe incluso a escucharles, y haga el amor, que es sano.

En fin, esa es al menos mi opinión. En cualquier caso, gracias por leer.

Un saludo

José Sánchez-Cerezo de la Fuente