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español  filosofia

davmass: emaildavmass67@hotmail.com, 08.03.2002, 23:25
Original: español  filosofia (Juancho), 21.03.2001, 15:52




Cuál es el efecto que nuestro actual sistema de organización social produce sobre los grupos en los que convivimos diariamente?, puede ser que los trastornos alimenticios, las adicciones, las fobias, las enfermedades crónicas etc, sean solo una expresión de nuestro malestar? el aislamiento, el sometimiento, el terror a lo social, el vacío, es síntoma de las contradiciones de nuestra organizacion politico-social?... al menos es claro el agotamiento de propuestas que puedan responder a las necesidades de nuestros pueblos...

Podemos pasarnos la vida haciendo planes y fórmulas económicas para intentar "remendar" los efectos que nuestros sistemas de producciones tienen en la vida anímica de nuestra gente. Sin embargo, el problema mayor que tenemos está tan cerca que se invisibiliza justo en frente de nuestros ojos.

Lo que hay de enfermo en nosotros, es nuestra cpacidad de desarrollar vínculos afectivos con otras personas, con otros seres sensibles y con nuestros objetos. Nuestros afectos están enfermos. El miedo y la desconfianza, en los demás, en la vida y lo provenir, carcome nuestro sueño, distorciona nuestro apetito, nos presipita por un abismo de auto-destrucción, impresionantemente letal.

La vida en comunidad, los barrios, las aldeas, un grupo de amigos íntimos, la pareja, las reuniones familiares, todas nuestras redes sociales que ofrecen la contención necesaria para poder "soportar" la vida (soportes de nuestro deseo) han sido ireesponsablemente removidas por los noscivos efectos del autoritarismo y la intolerancia.

Desde la clase política, las estructuras de gobierno, (juridicas, sociales y religiosas) se ha herido de muerte al alma humana. La mentira, el abuso, la injusticia, el dolor, la indiferencia, la apatía, el desgano, el silencio, la complicidad, la impunidad, el resentimiento, y una lista interminable de demonios, han minado nuestra fe, nuestra esperanza, nuestra actitud solidaria, nuestra buena voluntad, nuestros ideales altruístas, en fin, nuestra capacidad de amar.

Este relajamiento en los vículos, crea una desesperante sensación de vacío, de abandono, de sin-sentido, que nos arroja al abstencionismo cuando de elegir se trata, a la adicción para bregar contra la soledad, el hambre o el frío, o a la obesidad para ailarnos del mundo y de sus habitantes, o a acurrucarnos en los brazos de una muerte por inanición.

Si algo puede abrir una luz, es la sacudida de una pregunta, la confrontación con uno mismo a través de los otros. El pasaje de la pasividad de la espera a la apropiación de nuestros derechos, que no se piden sino que se arrebatan, cruza por la interrogante que siempre se adhiere a la mirada de un semejante. Estar en un grupo homogéneo, bregar con la diferencia, sentir cómo hierbe en la sangre la ambiguedad de todo vínculo, aprender a quedarse y a establecerse, dificultades incluidas, es en todo caso el aprendizaje que nos hace tolerantes, flexibles, democráticos, peleones y felices.

A estas alturas del partido, en pleno siglo de los 21 fantasmas, o hablamos, o pelaeamos o nos morimos.