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español  Alguna reticencia neófita acerca de la pluriculturalidad:

Eugenio Álvarez Soto: emaileugnostos@terra.es, 25.06.2001, 23:18




Creo yo que entendemos, corrijo, tendemos a entender por tal, un fenómeno de encuentro plural. Allegamiento resultante del conjunto fluente de las diversas culturas hacia el sumidero temporal del hoy. Hacia aquel sumidero hoy a todos cercano, o al menos próximamente accesible, que presentimos podría contextuar enriquecedoramente, sin los indeseables efectos anuladores, la multiplicidad mundial.

Pero preferiría no ignorar que partiremos de ingredientes mediadores, de supuestos y condiciones aún no superadas, justamente porque  son aquellos únicos con los que contamos para el allegamiento del festín felizmente articulado en el cual, una vez emplazado, tales ingredientes previos serían reputados de indeseados si no de  repudiables.

¿Acaso no es el de la igualdad participativa un rasgo logrado y premisa previa propia sólo de algunas culturas? ¿Y el de la necesariedad de una paz mundial? ¿O la particular concepción del muy vinculable e importable concepto llamado progreso? El mismo concepto de cultura es específico y no común, al igual que el concepto de pluralidad, autoridad, influjo, miscibilidad, etc.

La donación cultural puede ser tan restadora como la usurpación o la indirecta imposición prestamista o la colonización.

Y por fuerza el evento irá de la mano del potentado filosófico eventualmente óbice en tal calidad, o al menos factor coercitivo, de la intercultura. Luego ¿es mayormente una resultante debida al esfuerzo unilateral de aquella que no al plural de las otras?

Y si es así, ¿no habrá que sospechar que la naturaleza intrínseca (o también la extrínseca) de estas, es hostil por naturaleza, cuando no entre asumidas consideraciones de conveniencia, respecto de las exhalantes esencias últimas y proclives al evento de aquella primera axial y anfitriona e inoculante ya, anfitriona no logística sino filosófica?

¿Cómo salir de tal círculo? ¿cómo comenzar la linea, o más bien el verticilo síncrono inflorescente?

Pues habrá que tener muy claro qué es eso de pluriculturalidad si no queremos caer en espirales simples, “simplicíssimas”, a la espera de una subsiguiente estirpe compensatoria que reactiva la relegue al olvido por decepción y agotamiento más simple aún ¿Es un fenómeno plural concurrente (pues la inclinación, la cuesta mental, así lo quiere y sugiere), o es un evento puramente atómico viviseccionable?

Es cómodo y fácil confundir y pensar que la mera concurrencia es pluricultural.

Pues acerca de lo conveniente y de lo necesario pondríamos por caso: una tendencia hacia la valoración por lo general positiva del evento más allá incluso de la propia naturaleza espontáneamente buscada, decantada, del mismo. Tendencia hacia una homogeneidad de valoración de la pertinencia potencial de las muy diversas voces, con el consiguiente riesgo de ver “metodológicamente“ allí donde no hay; o bien construir aún más sobre el elemento durante su evaluación puntual que durante la construcción propia de lo puntual a estudiar. Amén de candorosas actitudes concesivas por mera necesidad del evento a celebrar, a crear; esto es, la imagen que algunas culturas, sino todas, pretenderán recrear, requerirán de sí mismas, a través del amparo de las otra: Ratificar la propia cultura vía intercultura ¿O tendremos que exigir que las participantes se hubieran posesionado previamente de sí mismas?

Proseguiríamos con el riesgo de mistificación del hecho por trasladar, transferir hacia ello, otros valores humanos ya criterizados que lo fundamenten, otros filosóficos, ya previos, ya parciales y específicos (luego no pluriculturales), como el de igualdad, consenso, derecho, etc., que fácilmente serán los que motiven.

Y por contrapartida discriminación, digamos mejor reticencia, respecto de las ya mundialmente triunfantes; partiendo ingenuamente de valoraciones negativizantes de resultantes muy remarcables como en el caso de la globalización. A nadie parece sonarle bien la cosa. Y habrá que balancear entonces, que equilibrar las persuasiones públicas o demostrar que se quiere. Y yo no sé muy bien por qué, por qué semeja postura tan global esa antipatía-globalizacion ¿no será otro escalón de subida en lugar de un callejón sin salida? Pero la reticencia es poco imaginativa, y da igual contra qué..

Pues dentro del conjunto de paradojas reseñables, encontramos que mono-culturalmente pretende ser superada la globalización, como si constituyera un hecho indudablemente fatal, planteando paradógicamente alternativas en el mismo marco de la creación de alternativas que dieron por resultante la globalización misma.

Y si la cultura X no es homogénea, algunas de sus partes subculturales impulsarán a nivel intercultural, pluricultural, los desarrollos, activarán los resortes indirectamente previstos e intencionados para el logro subrepticio meramente subcultural ávido.

O habrá tabúes que no se podrán subrayar convenientemente: El débito, el reparto tremendamente heterogéneo y divergente de la capacidad de arrastre hacia la pluriculturalidad que han generado, que probablemente siguen generando, para el planeta, ahora como si en un conjunto, las muy plurales y diversas culturas que ahora se enmarcan en el recinto de encuentro. Eso no es agua pasada, pues las premisas de la cultura son cultura.

Si esto no se considera, se trata y conjura, me parece a mí, previamente y con toda honestidad, multitud de espíritus honestamente sensibles, se desmarcarán desde el principio de un fenómeno supuestamente superador pero cargado de condicionantes ideológicos y convicción.

¿Dónde está el quid de la cuestión? ¿cómo salvar exitosamente el laberinto?

Por un lado sosiego, contengamos la aspiración ansiosa y convencida, retengamos las manos entusiastas para el pacto; y por el otro... pues por el otro, ya continuaré otro día.

Bueno, pacientes señores, chao y hastaluegoadiós.