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Es el reconocimiento nuestra fuerza motriz?
¡Hola!
Pienso contigo que el reconocimiento es una fuerza muy importante para el ser humano. No creo que sea la única fuerza, hay otras, pero seguramente se encuentra dentro de los motivos más relevantes.
No comparto tanto tu concepto del reconocimiento - en dos aspectos.
Primero, pienso que el reconocimiento por el Otro es primordial. No quiero decir que no pueda haber una forma de autoreconocimiento, muy al contrario, es muy importante valorarse a sí mismo; pero éste es secundario. El humano es un animal social y necesita la afirmación positiva de su ser por el Otro. Quiero dar un ejemplo: la belleza. La mayoría de los humanos (afortunadamente) no contamos con todos los requisitos para ser vistos como bellos según los criterios que ponen tan dictatorialmente la moda, la televisión, etc. Y nadie es tan autóctono que pudiera salir por completo de este juego diario. Ahora, no funciona decirte que sí eres bello cuando en realidad piensas que eres regular o feo. Necesariamente debe ser otra persona que te lo dice; entonces sí tendrá efecto alguno.
Segundo, creo que el reconocimiento por el Otro es primordial todavía en otro sentido; en el sentido de que no requiere "anticipos". Es indispensable que el reconocimiento se dé sin condición ninguna. Por lo tanto, no se puede buscar, se encuentra. Si requiere condición, no se trata de reconocimiento sino de un negocio. La lógica del mercado ha afectado severamente nuestras conductas sociales. Comienza ya en la educación de los más jóvenes: "si te comportas bien te voy a querer". Ahí ubico todos los ejemplos que nos relatas: no se reconoce a la persona, sino sus acciones. Sin un reconocimiento previo e incondicional estos ejemplos se convierten en su contrario: "a ellos yo no les importa nada; nada más les importa que yo haga bien las cosas que a ellos les sirven." Nos vamos a sentir más bien como una máquina abusada, pero no como un sujeto reconocido. Obviamente también hay el reconocimiento de alguna acción, pero lo veo más bien como una prolongación y concretización del reconocimiento primordial.
Entonces, mi planteo para romper con estos círculos es otro. Por un lado, no dedicarse tanto (o sólo) al autoreconocimiento, ya que éste tiene sus límites y pueda caer, en ocasiones, en una forma de narcisismo y autismo. Sino practicar el reconocimiento del Otro. Hay muchas formas, no sólo palabras. No quiero pintar aquí un paraíso donde todos nos volvamos en ángeles volando por nubes rosas. Hay unos tipos que, por alguna razón, me caen mal. No les voy a endulzar. Pero sí hay muchas ocasiones cuando no me costaría mucho abrirme hacia el Otro. Y no lo hago. Eso en lo personal.
Por otro lado, el reconocimiento del Otro a la vez es un imperativo político. La economización de nuestras sociedades altamente afectadas por un capitalismo neoliberal - o más bien neocolonial - convierte al hombre en "capital humano". Tiene valor únicamente en cuanto a su utilidad económica. La colonización del mundo de vida ya no deja espacio para la naturaleza humana como fin en sí. Aunque en nuestras constituciones mucho se habla de la dignidad humana, en la vida cotidiana poco se respeta. Por lo tanto, el reconocimiento primordial del Otro, en mi opinión, ante todo debe darse en el reconocimiento de su humanidad y, con eso, de su dignidad. Y esto implica, a nivel social, siempre una política de solidaridad.
Estoy consciente de que mi planteo probablemente es todavía más utópico. Pero ¿quién dice que las utopías sean malas?
Bertold