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los defensores de Dh Guatemala
Los defiendedelicuentes:
En un programa de radio escuché el segmento “Que miércoles”, en ese segmento, las personas llaman por vía telefónica, para cuestionar y señalar cualquier cosa que les moleste, por ejemplo “que miércoles que en el zoológico de Xela se esté muriendo el Rey León por inanición”, “que miércoles que no esté señalizada la autopista Palín Escuintla”, o “que miércoles el color de la casa de mi vecina de enfrente”, entre tantos miércoles, me llamó la atención uno: “que miércoles que solo 18 se murieron en los motines, se hubieran muerto todos”.
Este ultimo comentario, refleja la prioridad de la sociedad: SEGURIDAD a costa de cualquier cosa, incluyendo “limpieza social” que generalmente, en el ámbito de lo ilegal va acompañada por una buena dosis de tortura ejemplificante, de secuestros, ejecuciones extrajudiciales; y en el ámbito legal, de la exigencia de la aplicación de la pena de muerte.
Los operativos “ escoba” para barrer “la escoria de la sociedad” son una sensación mundial, cuál es el sistema que utilizan? Se preguntará Bezú Fache, -el prestigioso investigador de la policía francesa, encargado de esclarecer el asesinato de Jacques Sauniére...- porque los operativos son sorprendentemente efectivos: diariamente capturan a decenas de personas in fraganti, dando una sensación de seguridad falsa, respaldada por algunos medios noticiosos que automáticamente condenan a los detenidos. Digo que es una sensación falsa de seguridad, porque la violencia y la delincuencia no disminuye.
Lamentablemente un buen porcentaje de estas detenciones no son legales, y en una buena medida esta podría ser la causa de que los detenidos salgan en libertad en un corto periodo. Contrariamente, si las detenciones se realizan en el marco de un debido proceso, lógicamente los detenidos no saldrán en libertad al día siguiente; por lo tanto, en esa línea de ideas, si se respetan los derechos humanos, habrá más garantía de seguridad, porque quien hubiere cometido un delito efectivamente sería detenido y “debidamente procesado” con la pena de cárcel correspondiente, no puesto en libertad.
Los operativos son exitosos cuantitativamente: los detenidos son de áreas periféricas, de las colonias que están en condiciones de pobreza o extrema pobreza, las personas detenidas por ser pobres o como diría el Instituto de Estudios Comparados “por portación ilegal de cara”.
Coincidentemente los operativos son exitosos cuantitativamente en las colonias en donde el cinturón de pobreza aprieta más, acaso será que ser pobre es sinónimo de ladrón? igual que Colombia de cocaína o gringo de imperialista; claro que no, lo que estamos viendo es una fabricación de estereotipos, que nos llevan a condicionar inconscientemente nuestro comportamiento hacia determinadas actitudes de aceptación de algo que es ficticio. Los estereotipos generalmente llevan consigo el valor agregado de discriminación, y son dañinos para la convivencia pacífica.
Esta construcción social de estereotipos es muy amplia, por ejemplo, que “los Derechos Humanos” “defienden delincuentes”. El éxito de los estereotipos depende de a quien se le aplique el mismo, es decir, a que público se le lance la idea, en nuestro caso, la semilla cae en suelo fértil, la sociedad deseosa de seguridad, y de luchar –incluso con violencia- en contra de la violencia, visualiza al defensor de derechos humanos como un “defiendedelincuentes” porque el desprestigio y los ataques en contra de los Defensores de Derechos Humanos han sido una constante histórica, en un país como el nuestro en el cual los derechos humanos han sido violados constantemente. Por ejemplo, en Santa Lucía la Reforma, en un caso de linchamiento, la Procuraduría de los Derechos Humanos intervino, pero “los comunitarios” gritaban “esos son guerrilleros”, esos “defienden a los ladrones”, por lo que se limitó la posibilidad de una negociación pública, y, aunque el problema se solucionó, se fortaleció la idea de la gente en contra de “los derechos humanos”.
Pero ni los derechos humanos ni los defensores de derechos humanos defienden delincuentes. En el caso de las personas detenidas, existe intervención, cuando existe posibilidad de que el Estado pueda estar cometiendo abusos en contra de ellas. Cuando el Estado, o más exactamente sus agentes o funcionarios no actúan conforme a la ley, la delincuencia se multiplica, no disminuye.
Por ello también, el reconocimiento por parte del Estado, de la labor de las personas defensoras de derechos humanos es muy importante, y resulta vital en la construcción de un sistema democrático, porque los derechos humanos son una garantía inherente a todas las personas por el solo hecho de ser humanas. No se puede concebir siquiera la existencia de la democracia sin los Derechos Humanos, que son garantías, como mencioné anteriormente, y que se han convertido en derechos legalmente exigibles, como producto de demandas y luchas sociales e individuales. Lo anterior se refleja en uno de los considerandos de la Declaración Universal que dice “Considerando esencial que los derechos humanos sean protegidos por un régimen de Derecho, a fin de que el hombre no se vea compelido al supremo recurso de la rebelión contra la tiranía y la opresión”, los derechos humanos nos conducen hacia un camino de convivencia con justicia y con igualdad
Una parte de la sociedad asume que “derechos humanos = defiendedelincuentes” y asume que eso inevitablemente es así, de tal manera que esa idea pasará a formar parte de su imaginario e incluso podría ver a los Defensores de Derechos Humanos y a toda la institucionalidad de los Derechos Humanos como algo negativo
El mismo Estado y las personas Defensoras de Derechos Humanos debemos buscar formas de erradicar esas ideas. El solo hecho de evidenciar la importancia de los Derechos Humanos, puede limitar los efectos del estereotipo. Los defensores de Derechos Humanos deben legitimar esta labor y reconocerse como tales, y encaminar esfuerzos para deconstruir esta cultura de violencia, para fortalecer procesos y acciones que ya no solo respondan a momentos coyunturales, sino que sean parte de un proyecto estratégico de construcción de una Cultura de Paz con pleno Respeto a los Derechos Humanos.
Los Derechos Humanos y quienes creemos en ellos y los promovemos, defendemos los derechos de las personas, personas que pueden estar sujetas a un proceso penal, también defendemos los derechos de las personas que no tienen vivienda, de las que no pueden pagar un aumento al transporte, de personas que buscan a sus seres queridos desaparecidos, de las que exigen servicios de salud, que exigen la contratación de un maestro o construcción de una escuela, de mujeres que sufren violencia en la calle o incluso dentro del hogar, de personas discapacitadas que son discriminadas, de niños y niñas que están en riesgo, de indígenas que son discriminados, de trabajadores a quienes no se les respeta las garantías mínimas, de las personas adultas mayores; y así seguiría una lista muy amplia. Los defensores de derechos humanos defendemos los derechos de todas las personas.
Tal es nuestro contexto y situación, que probablemente habría disposición de aceptar cualquier violación a los derechos humanos en nombre de la seguridad, lo cual podría ser comprensible aunque inaceptable. Las violaciones de los derechos humanos son la causa más directa de la inseguridad y la delincuencia. Realmente resulta difícil hablar y promocionar la visión holística de los Derechos Humanos, cuando el respeto a la vida es casi nulo, cuando los servicios sociales no tienen cobertura suficiente y su calidad es deficiente, cuando la pobreza tiene cara de niño, porque muchos andan en las calles, en los barrios y en las comunidades, como duendes: sin infancia y sin pastel.