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PLACERES Y HEDONISMO
PLACERES Y HEDONISMO
Dr. José L. Pérez Óvilo
El español, hipotecado hasta las cejas, se ha convertido en el homo consumens por antonomasia. Es difícil no toparse, en los tiempos que corren, con individuos que te den la murga durante media hora explicándote sus dotes especuladoras, enseñándote el 4x4 que han adquirido, lo gratificante de jugar al golf o de los metros de eslora del barco que piensa comprarse. Podría afirmarse que actualmente millonarios en España son unos 40 millones de ciudadanos, quedando los 2 millones restantes para confirmar la cifra anterior. Lo preocupante es que esta fauna, inepta y víctima a la vez, cada vez es más numerosa al proliferar por simpatía en este aparente boom económico. En su honor van dedicadas estas líneas, como homenaje al Gran Epicuro, probablemente el pensador más interesante de todo el elenco filosófico y que debería haber subido a los altares si no fuera porque durante 2.000 años ha sido indebidamente identificado con el hedonismo, blasfemia que ha perdurado hasta nuestros días.
Epicuro creó el “Jardín de Atenas”, especie de academia donde enseñaba a sus discípulos que existen tres clases de placeres:
1.- “Los Placeres Primarios”, que son naturales y necesarios. Se trata del comer, beber, dormir, cubrirse el frío y de la amistad. Se refería al pan para comer, al agua para beber y un jergón para dormir, placeres que son vitales y, por tanto, irrenunciables.
2.- “Los Placeres Secundarios”, que son naturales pero no necesarios. En este caso se trata de comer, beber y dormir más y mejor, el arte, la música, etc. A estos placeres se puede optar, pero por ser no necesarios habrá que sopesar en cada caso su conveniencia, los pros y contras que nos determinen sus ventajas e inconvenientes. Por tanto, ¿deberemos echar más horas para comprarnos un coche más potente? Cada cual responderá en función de su criterio y circunstancias, pero Epicuro diría que no, porque un placer secundario se puede cambiar por otro placer secundario, pero nunca por un placer primario, de tal modo que esas horas extras podrían significar comer peor, dormir menos y renunciar al contacto con la familia y con los amigos.
3.- “Los Placeres Vanos”, que no son naturales ni necesarios. Se trata de los placeres que dependen de la opinión ajena, ya sea llevar una piedra que vale una fortuna tan sólo porque se llama brillante, o un vestido porque lleva una etiqueta determinada. Epicuro diría que estos placeres son fruto de deseos que un individuo sano mentalmente debería evitar, siempre por respeto a su propia persona. Y entre estos placeres vanos destaca el deseo de Poder, el más detestable de todos ellos.
Epicuro es el representante del compromiso razonable, dicho de otro modo, se trata de la doctrina de la solución intermedia y de la felicidad relativa. Se podrá o no coincidir con Epicuro, pero asociar con el hedonismo a una persona que dice que la virtud principal es la templanza y el comedimiento es una blasfemia. Hedonista es la sociedad y Epicuro su antídoto.
Murcia a 2 de septiembre del 2005