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LA FILOSOFÍA COMO MARÍA
LA FILOSOFÍA COMO MARÍA
Dr. José L. Pérez Óvilo
Ya es un hecho terco y contumaz desde la Transición que, con la llegada de cada Gobierno, el titular de Educación de turno sienta la necesidad irrefrenable de modificar el sistema educativo, probablemente para poder pasar a la posteridad como genio innovador de la sabiduría de las nuevas generaciones. A ello se suma una especie de acuerdo tácito de todos ellos por el que cada nuevo Plan de Estudios debe hacer bueno al anterior, condición implícita que se cumple con tal rigor que nadie podrá negar que el deterioro educativo en España es una realidad evidente. Y en esta línea se ha manifestada la Ministra de Educación –quien afirma que nuestra lengua tiene muchos anglicanismos- al introducir el francés en las escuelas y al suprimir la Filosofía como materia de enseñanza.
Obviando las críticas de los interesados más directos, comprensible por otra parte, cabe decir que esta situación se veía venir desde hace años, dado que la Filosofía ha venido perdiendo peso específico hasta convertirse definitivamente en una maría, situación que a mi entender se fundamenta en varios motivos: 1º) en el aspecto mercantilista de la sociedad fomentado por la consagración exclusiva de los políticos al cerril I+D; 2º) en la incompetencia de los responsables que, adoptando medidas populistas, optan por l aparente en detrimento de una enseñanza sólida; 3º) porque no es cierto que se haya impartido la Filosofía enseñando al alumno a pensar por sí mismo, sino que ha consistido en una retahíla de nombres, fechas, teorías y escuelas que lógicamente han conducido al hastío del alumno; y 4º) porque han brillado por su ausencia quienes deberían haber estado presentes en los medios de comunicación, los titulares de Filosofía, debatiendo todas aquellas cuestiones que socialmente preocupan –guerra, alcoholismo, aborto, matrimonio, terrorismo, inseguridad, inmigración, etc.- cuestiones sobre las que la Filosofía tiene mucho que decir. Si Sócrates se definía como el tábano de Atenas, era precisamente porque la función del pensador es espolear a la sociedad para mantenerla activa reflexionando.
La Filosofía, estimo, es fundamental no sólo para los estudiantes sino para los ciudadanos en general, no porque sea una vía para epatar al personal, porque en este caso no compensa la relación esfuerzo-resultado; tampoco porque trate de las grandes preguntas de la vida; ni siquiera porque sirva para reflexionar –también lo hace el ajedrez de manera más amena- sino porque la Filosofía trata de la vida misma, sirve para tener perspectiva ante los problemas cotidianos, plantea opciones y respuestas diferentes, y permite saber a qué atenerse.
La Filosofía es necesaria, además, por economía de esfuerzo: si quiero inventar un coche no pensaré si debe llevar filtros, volante o en el número de neumáticos, sino que me fijaré en los últimos modelos y a partir de ellos comenzaré a pensar. Pues del mismo modo, por qué voy a pensar en los problemas de la vida y en cómo resolverlos cuando ha habido personas notablemente más dotadas y que han dedicado toda su vida a ello, lo lógico será escucharlos y, una vez oídos, sacar mis propias conclusiones.
Murcia, a 1 de julio del 2005.