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Sergi, 09.10.2003, 14:31 |
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La globalización es un peligro desde el punto de vista físico, de eso no hay duda. La economía
neoliberal está concentrando los "dineros" en unas pocas manos, cosa que antes también ocurría, pero a nivel local (tiranos, servidumbre, explotación). Ahora se avanza hacia lo mismo, pero a escala global, esto es: el capital se acumula en manos de las multinacionales, que están por todas partes. De manera que no sólo se perpetúa la opresión, sino que es peor. Un pueblo ya no debe luchar por conseguir la igualdad social en su seno (o recuperarla si la ha perdido), que sería lo lógico, sino que debe enfrentarse a un sistema de explotación universal focalizado en una sola cultura, la occidental y particularmente la estadounidense, que se expande en una suerte de "imperialismo abstracto", imperialismo no físico, sino de la economía, las ideas y las comunicaciones. En lo cultural, no nos engañemos, la globalización también es un peligro. Se ha presentado como un modo de traspasar las fronteras y los idiomas para contribuír a la aportación mutua entre los diferentes pueblos. Pero -exactamente igual que en lo económico- no ha ocurrido así. Europa y EEUU se aíslan cada vez más en sí mismos, volviéndose su población progresivamente más mezquina, ignorante y tercermundista, y se dedica a EXPORTAR esa cultura a otros pueblos. Lisa y llanamente. Con la excusa de la evolución tecnológica, los occidentales pretendemos tener superioridad moral, pretendemos poder enseñar a otros pueblos sin que al parecer éstos nos puedan enseñar ya nada a nosotros. Pero la moral no depende sólo de la cultura, sino de los individuos. Todo pueblo ha tenido sus épocas de florecimiento cultural y prosperidad económica y también sus épocas de degradación y miseria. Una cultura aislada no es buena, pero todavía peor es una cultura aislada que se pretende universal. El Todo no se compone sino a través del valor de cada una de sus partes. El error ha sido pensar en la globalización como en un proceso definitivo y además centrado en un solo modelo de civilización. Habrá gente que opine, no sin cierta razón, que la globalización ha reforzado las culturas locales, al hacerles tomar conciencia de sí mismas. No estoy de acuerdo. Mal funciona una cultura si necesita la opresión de otra para sentirse viva: significa que muy completa en sí misma no era antes. Sólo se puede hablar de esta reacción en términos positivos si se canaliza, es decir, si sirve para que las culturas se hagan oír y utilicen los nuevos medios actuales para reforzar sus valores, recrearse, perpetuarse, hacerse oír y para defenderse de la uniformidad que impone la misma globalización. De lo contrario, una de dos: o la cultura desaparece, diluyéndose en la vacía "aldea global", o reacciona violentamente ante la agresión intelectual, social y económica que supone. El integrismo islámico es el mejor ejemplo. La radicalización no es fortalecimiento cultural, sino al contrario, devaluación. Y es que las respuestas de los musulmanes al fundamentalismo en Oriente Medio son muy variadas. SIn embargo, aquí en Europa muchos piensan que el fanatismo en las sociedades islámicas es algo inevitable, que el Islam tiende por naturaleza a radicalizarse. Esto equivale a decir que las causas del integrismo están exclusivamente en la cultura de la región. Pero en realidad son compartidas: el fanatismo está latente (porque lo está en cualquier cultura), pero se ha afianzado gracias al rencor que el pueblo musulmán tiene por las políticas americanas de apoyo a Israel y a las dictaduras islámicas y por el saqueo, abusos y restricciones sistemáticas que practica en Oriente Medio. Toda cultura racional (como el Islam moderno) tiende a oponerse a los integrismos. Es de cajón. Cuando pensamos que no, que es algo intrínseco, exclusivo de los musulmanes, nos estamos convenciendo al mismo tiempo de que nuestra cultura política no tiene responsabilidad alguna en su auge. Resumiendo: la globalización podría haber sido algo maravilloso, si no se hubiera llamado globalización. Si se hubiera llamado, en cambio, interculturalidad. Se ha partido de una ignorancia, la de que toda cultura, como toda persona, representa un cosmos autosuficiente en sí mismo, aunque no sea perfecto. El diálogo es posible, pero sólo si realmente es diálogo, no un monólogo impuesto donde uno aporta y el otro recibe, pero no a la inversa. Pero así es desde la era de las colonizaciones, cuando la expansión física de Europa convenció a los europeos de que también debían expandirse culturalmente, de que sin ellos ningún pueblo sabía valerse por sí mismo. De que debían imponer, no compartir. Aunque hubieron muchos otros imperios en momentos diferentes de la historia, está claro que los de la época de las conquistas europeas son los más importantes para entender la nuestra. La situación actual, con la desigualdad norte-sur, deriva directamente de esos tiempos y de la generalización en su transcurso de un sistema económico y político basado en naciones, sistema que no conocían los pueblos conquistados y al que han tenido que adaptarse posteriormente, con todo lo que eso ha conllevado al tener los occidentales la sartén agarrada por el mango. Los países africanos, por ejemplo, antes formados por grupos dispersos con sistemas políticos autosuficientes, siguen teniendo a su alcance los mayores recursos naturales de la Tierra pero no pueden beneficiarse de ellos, ya que la adaptación a Por supuesto, la solución no es necesariamente volver atrás. El sistema de naciones democráticas es tan válido como cualquier otro. El problema es que los occidentales parecemos no darnos cuenta todavía de que es "tan" válido, no "más", simplemente porque sí. Hay que apostar, por tanto, por la interculturalidad. No hay más camino. O se sigue ése (es decir, que todos participan), o nos abocamos, también todos, a la destrucción. El mundo, con la diversidad cultural y natural amenazadas, la economía brutalmente capitalizada, el medio ambiente degradadoy la crispación social a flor de piel, parece ir a reventar de un momento a otro. |