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Filosofía pajillera |
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La autoridad, en principio la autoridad humana, no existe como tal.
Toda autoridad está siempre basada al mismo tiempo en una gran responsabilidad de conocimiento interior, en una gran sabiduría, lo que requiere haber analizado mucho tanto racional como espiritualmente las cosas hasta el punto de desarrollar una visión muy integral de ellas. Esto permite comprender mejor cómo están todas interconectadas entre sí. Con el tiempo, estas intuiciones se van archivando en la mente (o más bien en el espíritu), y conforman una ciencia intuitiva, una especie de sentido común trascendente, que no necesita siquiera mediación del pensamiento como tal. Eso es lo que se llama "sabiduría". De ahí que sea necesario perseguir un sentido trascendental en todo lo que se formula. De lo contrario, la filosofía se convierte en un círculo cerrado sobre sí mismo, un discurrir sobre los mismos temas, una autojustificación, más que en un sistema de expansión de la conciencia. Evidentemente, sólo es así de asumir que existen métodos de asimilación y conocimiento que están más allá de la simple experiencia empírica propia de nuestra sociedad occidental (que acostumbramos a creer definitiva cuando es tan sólo una civilización más). Para ampliar la conciencia uno está obligado a discurrir en términos no sólo racionales o científicos sino también religiosos, trascendentes, metafísicos. Es cierto que uno puede aproximarse a la verdad en términos de búsqueda. Pero en mi opinión es equivocado considerarla "búsqueda": ésta es la de la conciencia. La verdad no puede buscarse porque ya se la tiene. Todos la llevamos dentro. Y cualquier búsqueda es siempre por un motivo, claro. Pero a veces no podemos ni tenemos por qué valorarla desde un punto de vista racional. No se trata de que el hombre busque una verdad última a través de la razón. Tampoco que la Verdad original le impida necesariamente emplear la razón. Pero el hombre no ha de ser nunca un esclavo de la lógica racional. Ésta ha de ser creativa y abierta, un instrumento de la realidad trascendente, que no podemos percibir pero que está ahí. Por eso los mitos son algo muy importante. Están presentes en la cosmovisión de todas las culturas, y realmente nos configuran más de lo que el racionalismo extremo de hoy nos obliga a creer. Desde el momento en que el ser es conciencia, se da la paradoja de que somos producto de nuestros mitos más que ellos de nosotros. Este concepto espiritual tiene su reflejo en la psicología: el "subconsciente colectivo". Dar el paso más allá consiste en imaginar ese subconsciente en términos absolutamente reales, no sólo como bonitos cuentos o fantasías. |