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Sergio, 07.09.2003, 10:55 |
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Creo que una parte de la humanidad está cada vez más descontenta con la situación actual del
mundo, mientras que otra parte simplemente ni se interesa, perdida en una autocomplacencia robótica. Opino que es porque se ha separado la razón del espíritu, decantándose masivamente la balanza hacia una tiranía de la primera. Lo que está claro, sin embargo, y hay que decirlo por justicia, es que tal actitud debe verse necesariamente en su contexto. Es decir: si existe hoy una dictadura de la ciencia es porque en el pasado hubo una dictadura de la religión. Es aquello de la ley del péndulo, y también la del círculo: los extremos se tocan. Pero en ambos casos la víctima acaba siendo la misma: la libertad y dignidad del espíritu humano. Yo entiendo el funcionamiento del Universo como un mecanismo cíclico, es decir, siempre cambiante pero que sigue una lógica invisible que está en cada nuevo fenómeno, que se repite una y otra vez, y que es la que permite la preservación de los esquemas y valores necesarios. Esto que puede sonar a moral arcaica y autoritaria, no lo es, y el hecho de que mucha gente pudiera considerarlo así (estoy muy seguro de ello), tal reacción, no sería entonces sino una muestra de la superficialidad a la que hemos llegado, un ejemplo de lo que deseo expresar. La tiranía adopta muchas formas. El materialismo es una de ellas. El problema del materialismo, como ha dicho ARIOCH, no es tanto que sea falso, ya que ésa es la actitud fundamentalista, igualmente equivocada y muy peligrosa, sino que es limitado. La ciencia por sí sola no explica el mundo, porque hay cosas que la ciencia no puede explicar. En todo caso puede demostrar que hay experiencias que carecen de respuesta lógica, que no espiritual, y eso no sólo no contradice la fe, sino que la mantiene sin necesidad de destruír la ciencia. Ésa es la verdadera ciencia y la verdadera lógica, la filosofía auténtica. La que vive en su justa posición. La que reconoce que los problemas materiales deben explicarse con una razón basada en el espíritu, NO la que intenta explicar los asuntos espirituales mediante la lógica. Ya que éstos no pueden explicarse, sólo intuírse, sólo llegar una y otra vez a la conclusión de que son un misterio, cíclicamente, como un recordatorio que nos ayuda a ser humildes y a situarnos en el punto correspondiente a nuestra existencia. Lo contrario es una transgresión, una profanación. El resultado: la posmodernidad. Es necesaria una tercera vía para los filósofos, los científicos y los intelectuales, pero no entendida como un camino espiritual realmente nuevo, sino como una renovación de los principios básicos, verdaderos, una actualización. Y es que hablar de fe nueva es contradictorio, porque la propia naturaleza de la fe es eterna, es decir, está más allá de lo nuevo y de lo viejo. Es triste que mucha gente relacione siempre la represión, las guerras, los prejuicios y lo negativo en general con la religión, cuando la verdad es que es algo que tiene más relación con las circunstancias inmediatas de cada época, con el contexto histórico. Y, sobre todo, con la utilización interesada y mezquina que de los conceptos trascendentes hacemos con demasiada frecuencia. Yo siempre pongo un ejemplo para mostrar mi discrepancia con el materialismo: existe una leyenda de los esquimales que dice que el cielo nocturno es una gran tienda de campaña que cubre el mundo, y las estrellas serían agujeros en esa tienda por los que pasa la luz. De vez en cuando los dioses recogen la tienda y la vuelven a poner, por eso hay día y noche. Si (imaginemos) llegara un científico y le dijera a un esquimal que eso que ve en el cielo no son agujeros, sino estrellas, masas de luz condensada, el esquimal probablemente aceptaría que es así. Ahora bien, si el esquimal le preguntara después al científico qué considera él que es la bóveda celeste, la inmensa negrura del espacio, el científico se vería obligado a reconocer entonces que la explicación de la tienda es tan válida como cualquier otra. |